Las escuelas proponen pruebas menos memorísticas y con acceso a la red
Llega la hora del examen de geografía económica en la escuela Virolai, en el barcelonés barrio del Carmel. Los alumnos de 4º de ESO cogen papel y bolígrafo, abren su portátil, buscan información en internet, contestan las preguntas… incluso podrían consultar algunos datos en sus apuntes. La nota del examen apenas dependerá de la información que encuentren en estas fuentes. Se trata de algo más que de reproducir definiciones. Con los datos que buscan y sus conocimientos previos deben resolver problemas y responder cuestiones que evalúan su capacidad de análisis y reflexión. Para algunos, permitir que un alumno mire apuntes y, aún peor, que acceda a internet mientras hace un examen constituye un ataque en toda regla a los principios básicos de la evaluación escolar, al mismo nivel que una chuleta. Pero al fin y al cabo, todo depende del tipo de prueba y de las capacidades que se pretendan medir.
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